-Tomaré una corta ducha y nos vamos. Se me hizo tarde -dijo papá apurado-
-Claro, pero apurate papá ya son casi las 9
-Sí Mariana
Papá subió las escaleras apresurado. Tomó una ducha corta, a los 5 minutos ya estaba listo.
Salimos de la casa los tres hasta la casa de los vecinos. Papá tocó timbre y nos abrió el hombre qué nos había invitado a cenar.
-Hola. Ustedes son los nuevos vecinos, ¿verdad?
-Sí. Mi nombre es Emanuel y ellas son mis hijas, Mariana y Alba -se presentó papá-
-Un gusto Emanuel. Soy George. Con ella estuve hablando esta mañana, ¿verdad querida? -estrechó su mano-
-Así es señor -respondí-
George nos hizo entrar a su bonita casa. En la cocina había una señora de la edad de George. Al parecer estaba cocinando y sería su esposa.
-Margaret, los vecinos han llegado
La señora qué se encontraba en la cocina vino a donde estabamos nosotros. Estabamos en la sala.
-Hola. Yo soy Margaret, la esposa de George. Es un gusto -estrechó su mano-
-El gusto es nuestro. Mi nombre es Emanuel y ellas son mis hijas, Mariana y Alba -estrechándo su mano-
-Hola señoritas -nos saludó-
-Hola señora -saludamos con mi hermana-
-¿Y su esposa no ha venido? -preguntó Margaret-
-Mi esposa murió hace un mes
-Lo sentimos. No teníamos idea -contestó George-
-No se preocupe. Está bien -contestó papá-
Margaret terminó de preparar la cena. Mientras terminaba de prepararla George nos hizo sentar en la mesa de la sala. George le contaba a papá que esta mañana el perro de su ñieto se había pasado hasta nuestro jardín y ahí fue cuando nos invitó a cenar para conocernos. Cenamos ñoquis con salsa cuatro queso. La cena estaba muy rica, Margaret cocinaba muy rico. Terminamos de cenar y nos despedimos de George y Margaret.
-Gracias por la cena. En cuanto no tenga tanto trabajo los invitaremos a cenar a nuestra casa
-Está bien Emanuel. Cuando puedan, no hay apuro -contestó George-
-Alba. ¿Nos podías hacer un favor?
-Si claro, ¿qué favor?
-¿Mañana por la mañana podrías sacar a pasear a Tyler?. Si no podes o no querés no hay problema
-No hay problema señora, no tengo qué hacer nada y me encantan los animales -sonreí-
-Bueno. Mañana vení a la hora qué sea, nos levantamos todos los días a las 7 de la mañana -replicó George-
-Claro. A las 10 vengo
-Te esperaremos -sonrió Margaret-
Papá, Mariana y yo nos despedimos de los vecinos y volvimos a casa. Llegamos a casa, subimos las escaleras y cada uno se fue a su habitación. No tenía mucho sueño entones decidí mirar algunas fotos de cuando era chica y recuerdos de mi infancia. Encontré muchas fotos en las qué estaba con mi hermano Andrés. Lo recordaba como si se hubiera ido de nuestro lado ayer. Lo amaba, era tan bueno conmigo y con todos. No entiendo como lo alejaron de mi vida y mucho menos de esa manera. Mi hermano fue golpeado hasta morir. Saliamos del boliche juntos, siempre ibamos juntos. Unos idiotas drogados comenzaron a pegarle porqué si, no tenían nada que hacer y le pegaron hasta matarlo. No podía hacer nada, estaba desesperada. No recibía ayuda de nadie, estaba completamente sola. Recuerdo esa horrible noche, pedía ayuda a gritos pero a nadie le importaba, nadie quería ayudarme. Simplemente ignoraban mis gritos y mi llanto de desesperación. Fue la noche más horrible de mi vida. Había visto morir a mi hermano, había visto como esos idiotas me arruinaban la vida, como le ponían FIN a la inocencia de mi hermano. Nunca olvidaré esa noche, quedará en mi cabeza para siempre. Cada vez qué veo casos parecidos al caso de mi hermano mi corazón se para por un momento, siento qué mi corazón se detiene de tanto dolor. Y más me duele qué todavía no hallan encontrado a los idiotas qué le pusieron fin a la pobre inocencia de mi hermano. No se merecía morir, no se lo merecía. Él era un chico bueno, no tenía enemigos y mucho menos maldad. Nunca había tenido problema con ningún tipo de drogas. No fumaba, no tomaba y mucho menos se drogaba. Yo lo sabía muy bien. Saliamos juntos y estabamos todo el tiempo juntos cada vez qué salíamos.
Muchas lágrimas comenzaron a salir de mis ojos al recordar esa noche, esa horrible noche qué siempre recordaré. Ese hermano incansable qué siempre estuvo ahí. Para mi y para todos. Lo recuerdo, todavía con su sonrísa. La sonrísa que siempre llevaba en su rostro a pesar de todo. Daría mi vida por tenerlo acá conmigo de vuelta, o simplemente estar unos minutos con él y decirle lo mucho qué lo quiero y lo mucho qué me hace falta.
Terminé de mirar las fotos, me pusé mi pijama y me acosté a dormir con lágrimas en los ojos.
Al otro día desperté por el despertador a las 9 de la mañana. Recordé que a las 10 tenía que ir a la casa de los vecinos para ir a pasear a Tyler. Me levanté, cepillé mi cabello y me até una cola alta. Me coloqué una bermuda pescador, una camisa y unas sandalias. Bajé las escaleras y me dirijí hasta la cocina. En ella se encontraba Denis.
-Buen día. ¿Querés tomar algo? -sonrió-
-Buen día Denis. Un café, por favor -sonreí-
-Claro. Ya te lo preparo
-¿Mi hermana?
-Durmiendo calculo -respondió-
-Cierto. Son las 9 de la mañana. Ella nunca despierta temprano salvo qué tenga que hacer algo del colegio
-Aca está tu café
-Gracias Denis -agarrándo la taza-
-De nada Alba
Salí de la cocina y me senté en el sillón de la sala a tomar mi café y a mirar un poco de tele. Estaba el programa de chismes de Sally Jensen. Mi hermana bajó las escaleras y se sentó a mi lado a mirar tele conmigo.
-¿Sally Jensen? -me preguntó-
-Si
-Deja el programa qué le voy a pedir a Denis qué me prepare un café
-Bueno -contesté-
Mariana se levantó del sillón y se dirijió a la cocina. Yo seguía mirando la tele mientras tomaba mi café. Comenzaron a dar una noticia sobre el cantante qué mi hermana estaba obsesionada por él. No recordaba su nombre. Hasta qué Sally lo dijo. Justin Bieber era su nombre. Mi hermana llega al sillón y ve lo qué estaban pasando.
-¿Por qué no me avisas?
-No sé -le respondí-
-La próxima vez que esten pasando algo sobre Justin Bieber me avisas
-Claro -desganada-
Comenzaron a dar la noticia. Se trata sobre su novia Selena Gomez y él. La noticia decía que Selena Gomez había terminado con Justin Bieber.
-Yo lo sabía, esto no iba a durar por mucho tiempo. Jaitlin volverá -replicó Mariana-
-¿Jaitlin? -pregunté-
-Sí. Jaitlin. Caitlin Beadles y Justin Bieber
Terminé de tomar mi café, dejé la taza en la cocina para qué Denis la lavara y les avisé que me iría a pasear al perro de los vecinos.
-Me voy a pasear a Tyler
-¿Quién es Tyler? -preguntó Mariana-
-El perro de los vecinos. Anoche me pidieron si podía sacarlo a pasear
-Bueno. Adios -contestó Mariana-
-Adios
Salí de casa hacia la casa de los vecinos. Era una mañana templada de otoño. El sol brillaba como una mañana de primavera. Las hojas amarillas caían de los árboles. Llegué a la casa de los vecinos, toqué el timbre de la puerta y abrió Margaret.
-Buen día señora -sonreí-
-Buen día Alba. Por favor, ¿me podrías llamar por mi nombre? -sonrió-
-Por supuesto Margaret. ¿Está mejor?
-Está perfecto -sonrió-
Margaret me hizo pasar a la casa. En la sala estaba sentado George en el sillón mientras miraba tele.
-Buen día señor -sonreí-
-Buen día señorita. ¿Podrías llamarme George?. No me gusta qué me llamen señor -sonrió-
-Claro George. ¿Y Tyler?
-En el jardín -respondió Margaret-
-Iré a buscarlo y lo llevaré a pasear
-Claro -sonrió Margaret-
Me dirijí hacia el jardín de la casa a buscar a Tyler. Salí por la puerta trasera y lo llamé.
-Tyler
Tyler vino hasta donde estaba y comenzó a saltarme. Lo agarré y lo llevé hacia adentro.
-¿Cuál es la correa de Tyler? -pregunté-
-Hace caso. Anda siempre sin correa. Solo llamalo y el te hará caso -respondió George-
-Claro. ¿Está seguro? -desconfié-
-Por supuesto. Siempre lo sacaba a pasear
-Bueno. Está bien
Salí de la casa de George y Margaret a pasear a su perro Tyler. Era una mañana perfecta de otoño, la brisa templada chocaba con mi rostro. A una cuadra había un hermoso parque. Me senté en un banco y comenzé a observar como las hojas amarillas, naranjas y algunas rojas caían de los árboles que tenía aquel hermoso parque. Miré hacia adelante y un chico llamó a Tyler. Me levanté del banco y me acerqué a él.
-Hey, ¿qué haces con el perro? -un poco enojada-
-Él es mi perro
-No es tu perro. Es el perro del ñieto de George y Margaret
-¿De donde conoces a mis abuelos? Yo soy su ñieto
-Y pensas qué te voy a creer. Dame a Tyler
-¿Quién sos vos?
-¿Te importa? -le respondí-
-No. No me importa -respondió-
Le veía cara de conocida a ese chico. Era el ñieto de George y Margaret según el. No podía verlo conocido si no conocía a su ñieto.
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